El último informe del BCRA confirmó un deterioro acelerado en la capacidad de pago de los hogares. Mientras millones de argentinos presentan atrasos en sus obligaciones financieras, las empresas enfrentan mayores desafíos para sostener sus niveles de recuperación.
En cifras: el avance de la morosidad en Argentina
La morosidad en Argentina sigue escalando y se ha transformado en una de las principales preocupaciones para el sistema financiero y las empresas. Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la irregularidad de los préstamos otorgados a familias alcanzó el 12,1% en abril de 2026, acumulando 18 meses consecutivos de crecimiento y situándose en niveles que no se observaban desde hace más de dos décadas.
La situación refleja las crecientes dificultades que enfrentan numerosos hogares para cumplir con sus obligaciones financieras. Al mismo tiempo, plantea nuevos desafíos para las organizaciones que buscan mantener la estabilidad de sus ingresos y mejorar sus tasas de recuperación de pagos.
Los datos del BCRA muestran que el deterioro se concentra principalmente en las líneas de financiamiento destinadas al consumo.
Los préstamos personales registraron una mora de 14,9%, el porcentaje más elevado entre las principales categorías de crédito. Las tarjetas de crédito también evidenciaron un fuerte deterioro, alcanzando una irregularidad de 12,5%.
La evolución resulta especialmente significativa al comparar estos números con los observados apenas un año y medio atrás. En octubre de 2024, la mora de los préstamos a familias se ubicaba cerca del 2,5%. Desde entonces, el indicador se multiplicó hasta alcanzar los niveles actuales.
Aunque el Banco Central ha identificado señales de moderación en algunos indicadores asociados al riesgo crediticio, los niveles de incumplimiento continúan reflejando una presión considerable sobre la capacidad de pago de los hogares.
La magnitud del fenómeno también puede observarse al analizar la cantidad de personas afectadas.
Según estimaciones de la consultora 1816 elaboradas a partir de datos de la Central de Deudores del BCRA, alrededor de 5,3 millones de personas poseen al menos un crédito con atrasos superiores a 90 días. Esto representa más de una cuarta parte de quienes actualmente mantienen algún tipo de financiamiento dentro del sistema.
El informe del Instituto Grande, elaborado a partir de datos del Banco Central, muestra además un deterioro acelerado durante el último año. Entre abril de 2025 y abril de 2026, más de 2,5 millones de personas ingresaron a la categoría de deudores morosos.
La situación resulta aún más compleja para quienes acumulan atrasos prolongados. El mismo informe señala que aproximadamente 3,3 millones de personas mantienen deudas con más de un año de retraso, una condición que suele dificultar el acceso a nuevos créditos y reducir las probabilidades de recuperación de la deuda.
Parte importante del endeudamiento de los hogares también está asociada a gastos corrientes y necesidades de consumo cotidiano. Según el relevamiento, muchas personas recurrieron al crédito para afrontar compras básicas, servicios y otros gastos del día a día, una dinámica que ayuda a explicar el aumento de la morosidad registrado durante el último año.
El aumento de los incumplimientos no afecta únicamente a quienes solicitan créditos. También genera consecuencias para las empresas que dependen del cobro oportuno de facturas, cuotas o servicios.
Cuando los pagos comienzan a retrasarse, las organizaciones enfrentan mayores dificultades para proyectar ingresos, administrar liquidez y sostener sus operaciones con normalidad. A medida que crece la cantidad de cuentas vencidas, también aumentan los esfuerzos necesarios para realizar seguimientos y recuperar pagos pendientes.
El informe del Instituto Argentina Grande también advierte que los problemas de repago alcanzan al sector productivo. Según el relevamiento, la mora empresarial llegó al 3,1% en abril de 2026. Algunas actividades presentan niveles superiores al promedio, entre ellas construcción (6,1%), hoteles y restaurantes (5,2%) y comercio (5%).
Estos indicadores muestran que el deterioro financiero se extiende más allá de los hogares y comienza a generar presión sobre distintos sectores de la economía.
La evolución de la morosidad en Argentina obliga a muchas organizaciones a revisar sus procesos de recuperación de pagos.
La segmentación de la cartera permite identificar distintos niveles de riesgo y asignar recursos de manera más eficiente. No todos los clientes presentan las mismas probabilidades de pago ni requieren las mismas acciones de seguimiento.
La disponibilidad de información actualizada también adquiere una mayor relevancia. Detectar señales tempranas de retraso ayuda a intervenir antes de que una cuenta avance hacia etapas más complejas de incumplimiento.
La experiencia de pago representa otro factor relevante. Procesos claros, canales accesibles y comunicaciones oportunas pueden facilitar la regularización de obligaciones pendientes y reducir fricciones durante la gestión de cobranza.
El crecimiento de la mora suele traducirse en un aumento del volumen de cuentas que requieren seguimiento. Gestionar ese proceso de forma manual puede generar retrasos operativos y limitar la capacidad de respuesta de los equipos.
Las plataformas de cobranza permiten automatizar tareas repetitivas como recordatorios, notificaciones y seguimientos, manteniendo una comunicación constante con los clientes sin incrementar proporcionalmente la carga de trabajo.
Soluciones como Moonflow ayudan a centralizar la gestión de cuentas por cobrar, automatizar flujos de cobranza y monitorear indicadores en tiempo real. Esta visibilidad facilita la priorización de acciones y permite que los equipos concentren sus esfuerzos en las cuentas que requieren una intervención más estratégica.
El uso de datos y automatización también contribuye a identificar patrones de comportamiento, optimizar la gestión de la cartera y mejorar la toma de decisiones en escenarios de mayor incertidumbre financiera.
El salto de la morosidad a niveles récord en más de dos décadas no es solo un dato estadístico del BCRA; es una señal de alerta máxima para el flujo de caja de corporativos, bancos y fintechs en Argentina. Cuando la capacidad de pago de los hogares se deteriora tan rápido, las estrategias de cobranza tradicionales basadas en call centers reactivos quedan obsoletas.
En este escenario, la supervivencia financiera depende de la anticipación. Detectar a tiempo quién priorizará el pago y quién caerá en mora profunda requiere tecnología capaz de procesar datos masivos. La Inteligencia Artificial ya no es una opción de modernización, sino la barrera más efectiva para contener el riesgo crediticio en contextos de crisis e incertidumbre
Para las organizaciones, el desafío pasa por combinar información, segmentación y tecnología para responder con mayor rapidez a un escenario donde la gestión eficiente de las cuentas por cobrar adquiere una importancia cada vez mayor.
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Fuentes: Banco Central de la República Argentina (BCRA), Informe sobre Bancos (abril 2026); Argentina Grande, Crisis de deuda familiar: 1 de cada 4 argentinos no puede pagar lo que debe (junio 2026); Infobae; Perfil; El Litoral; El Economista.