La morosidad en los créditos al consumo mantiene una tendencia ascendente en Argentina, según estimaciones elaboradas a partir de datos del BCRA. Los últimos informes también muestran un aumento de los atrasos en entidades no financieras, comercios y billeteras virtuales, un escenario que plantea nuevos desafíos para las empresas que otorgan crédito a consumidores.
Puntos clave de la nota
La morosidad del crédito al consumo mantiene una tendencia ascendente en Argentina. Estimaciones elaboradas por la consultora 1816 a partir de datos de la Central de Deudores (CENDEU) del Banco Central de la República Argentina (BCRA) indican que los atrasos en los préstamos a familias volvieron a aumentar en mayo y acumulan 19 meses consecutivos de crecimiento.
En paralelo, distintos informes publicados durante los últimos días muestran que el deterioro también alcanza a entidades no financieras, comercios que otorgan financiamiento y plataformas de crédito digital. El escenario plantea nuevos desafíos para las empresas que administran carteras de crédito dirigidas a consumidores.
La consultora 1816 estimó que la morosidad de los préstamos a familias pasó de 12,1% en abril a 12,7% en mayo, utilizando la misma metodología del BCRA. De confirmarse en la publicación oficial del organismo, será el decimonoveno incremento mensual consecutivo.
El informe también estima que alrededor del 27% de las personas que tomaron préstamos dejó de calificar como sujeto de crédito por registrar obligaciones en mora, lo que equivale a cerca de 7 millones de personas.
El deterioro no se limita a los hogares. Para mayo, la consultora estimó que la morosidad de las empresas subió de 3,3% a 3,5%, mientras que el indicador consolidado del sector privado pasó de 7,3% a 7,7%.
La evolución de la morosidad varía según el tipo de entidad y el perfil del crédito.
De acuerdo con 1816, las entidades no financieras, que concentran alrededor del 17% de los préstamos a familias, registraron una morosidad de 32,2% en mayo.
Por su parte, un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), elaborado con datos del BCRA, ubicó en torno al 50% la morosidad de las cadenas de electrodomésticos, el nivel más alto entre los principales otorgantes de crédito al consumo.
El crédito digital también muestra un deterioro. Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la mora en préstamos otorgados mediante billeteras virtuales alcanzó el 29,6% en mayo.
Los jóvenes continúan siendo el grupo con mayor nivel de incumplimiento. De acuerdo con 1816, cuatro de cada diez personas menores de 35 años con créditos vigentes registran al menos una obligación en mora.
Los especialistas consultados por distintos medios coinciden en que el aumento de la morosidad responde a varios factores y no a una única causa. Economistas consultados por Ámbito sostienen que la evolución de los ingresos de los hogares, la actividad económica y la desaceleración del crédito limitaron la capacidad de pago de parte de los consumidores. En ese contexto, el crecimiento de la mora no logró compensarse con una expansión del financiamiento, como ocurrió durante parte de 2024 y 2025.
Desde el Gobierno, en tanto, señalaron que el sistema financiero atraviesa un proceso de adaptación tras varios años con baja actividad crediticia, por lo que las entidades deben fortalecer nuevamente sus procesos de evaluación del riesgo.
El aumento de la morosidad llevó a distintas entidades a reforzar sus estrategias de seguimiento y refinanciación.
Banco Nación comenzó a ofrecer alternativas de refinanciación para clientes con atrasos superiores a 90 días. Por otro lado, plataformas de crédito digital, como Mercado Pago, señalaron que continúan ajustando sus modelos de evaluación del riesgo mediante herramientas de análisis en tiempo real para definir límites y condiciones de financiamiento según el perfil del usuario.
En este contexto, el monitoreo permanente de las carteras y la detección temprana de señales de incumplimiento cobran mayor relevancia para las entidades que administran crédito al consumo.
El incremento sostenido de la morosidad obliga a las empresas que financian a consumidores a reforzar la gestión del riesgo durante todo el ciclo del crédito. No solo resulta relevante evaluar la capacidad de pago al momento de otorgar un préstamo, sino también realizar un seguimiento continuo que permita identificar cambios en el comportamiento de la cartera.
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